jueves, 21 de junio de 2007

Sueños subterráneos

Contra brisas elásticas

e inmóviles besos,

innumerables contornos

recorren colores.

Transparentes destellos

y extensos sueños

embotellan embrujos.

Y como suspiros

presencian silencios.

Quebradizos movimientos

titilantes como el otoño

repiten como campanas.

Misteriosos ojos,

prometen libertad eterna,

y sólo sueños

procuran suspenderse

sobre párpados de lo ajeno.

Y como caricias en el aire

sueños subterráneos

acarician terciopelos,

bordan consonantes

y retumban en recuerdos.



Waldheim Magalí

martes, 19 de junio de 2007

...en ese cuarto, impregnado de olor a cuerpos, a cuerpos deseosos de tocarse, ardientes, apasionados, en ese mismo cuarto yacía ella.

Pensaba en las imágenes que aquel olor le recordarba, mientras apretaba entre sus piernas la porción de sábana que había caído, instantes atrás, junto a ella al suelo.

Y con el recuerdo caía en la cuenta, como tantas otras veces, de que todo era súmamente insípido, absurdo, detestable, fuera de esa atmósfera efímera que aquel hombre construía para ella.

Recordaba también que, desde el primer momento, supo que lo amaría con furia, de una manera salvaje que nunca antes hubiera imaginado que experimentaría.

Y también sabía que para él, ella era sólo un cuerpo que le proporcionaba placer, era únicamente el objeto de su catársis.

Aún así, vivía sólo para esperar una dosis más de esos momentos que tan profundamente la embriagaban...

Y el resto del tiempo, yacía como ahora... tendida en algún rincón, muerta...

Anónimo

lunes, 18 de junio de 2007

Alma de mujer

Sobre tu alma yace un pétalo,

como un tatuaje sobre la piel.

Sobre tu alma, mis labios heridos

dibujan el contorno de tu cuerpo.

Ajenos al tiempo,

mis ojos sedosos

absorben tu cristalina belleza.

Rendidas caricias

entregan el grito de tu rostro.

Y como sangre sin sentido,

tus piernas balancean el amanecer

y tus besos desnudan

el alma de mujer.



Waldheim Magalí

jueves, 14 de junio de 2007

Brujas de un surtidor


Frente a palabras de piel

y redes de gotas,

leves besos impactan raíces

y cuerpos desbocados ornamentan el sol.

Ante gestos de recuerdos

y labios ardientes,

tormentas inmóviles rumorean al azar.

Rincones venenosos

y ascensores descendiendo

vivos momentos presienten.

Toallas destrozadas

y sábanas arrugadas,

dibujos de siluetas suspiran como lunas.

Páginas de tinta

y plumas de papel,

minutos del pasado recuerdan

y huellas del presente anuncian.

Y como brujas de un surtidor,

granitos de arena titilantes como estrellas.



Magali Waldheim

domingo, 10 de junio de 2007

AGUSTINA

Una tarde de otoño las sombras invadieron tu mente para tratar de desangelarte. Comenzaron con un temblor de labios, luego te palpitó la mejilla y después el ojo. Más tarde se te acobardó la pierna y la imitó el brazo, quizás porque también se asustó. De ahí en adelante ha sido innumerable la cantidad de remezones. Te sorprenden en el sueño, te sorprenden en el juego. Te nublan instantes y te obligan a borrarte del mundo. Intentan que te des por vencida y que te escondás en un rincón, alejada del sol y de la vida. No quieren que tu risa cristalina, esa que salta y canta cada vez que te aparece, nos ilumine a nosotros, los adultos, los que curiosamente sentimos un pánico que resulta bastante patético al lado de tu coraje. No toleran la alegría impetuosa que te fluye a borbotones ni el desparpajo simple con que enfrentás al mundo. Quieren desangelarte nomás. ¿Pero sabés qué? No me importa, no me importa, no me importa... Porque yo sé que no van a poder. Un día te vas a despertar y vas a descubrir que son ellas, las sombras, las vencidas, las que se fueron. ¡Qué ingenuas! No saben que con vos no se puede, porque sos muchísimo más fuerte y que, lo que pareció un atisbo miedo en un principio, sólo fue la sorpresa de no estar prevenida. Ahora que ya las descubriste, te reís a carcajadas por dentro y esperás paciente, tranquila, a que llegue el momento en que se van a escapar, en que se van a esfumar derrotadas, sin haberte quitado el ángel.


Bettina Ridois

viernes, 8 de junio de 2007

No estarás,ya no estarás...

Cuando noviembre ceda y diciembre nos busque,
ya no despertaremos juntos.
En esos instantes equívocos,sin ruido alguno,
en esos gestos suavizados,ya no me mirarás.
Tendré que sentarme sola,purísima con mis mariposas,
a escuchar en latido rosado de la noche.
Contaré los meses,los días,perdida en el verano,
esperando frente a esa pantalla absoluta,triste.
Tan sólo ese gallo perdurable respirará,
yo sentiré tu perfume sutil,inmóvil.
Un poco fugáz me delataré,tal vez flotante podré girar,
bajo una sucesiva letra que ya pálida dulcifica.
Tus tesoros perpetuos,delgados como islas,me atarán.
Ya no me reconoceré,tibias mis lágrimas,
dejarán de trazar su camino gris,oculto.
Ya no te recordaré,inocente calamré mi perfecto dolor,
pero tú,no estarás....ya no estarás...



Antonella Arcidiágano-2006.

martes, 29 de mayo de 2007

El Poder de las Palabras

Como leí una vez: “Una cometa se puede recoger después de echarla a volar, pero las palabras jamás se podrán recoger una vez que han salido de nuestra boca.”
Por ésto, es muy importante saber en qué momento decir algo y de qué forma, ya que podemos herir a alguien.

Yo creo que todas las personas han tenido la experiencia de arrepentirse luego de algo dicho, o no dicho, y quieren volver el tiempo atrás. Pero a las palabras no se las lleva el viento, ni quedan en el olvido, y pueden influir positiva o negativamente.

Los pensamientos se vuelven palabras y, a la vez, las palabras nos sirven para pensar, éstas marcan nuestro destino. Por eso mismo, los griegos decían que la palabra era divina y los filósofos elogiaban el silencio.

Tengo recuerdos de mi secundaria, con amigos sobre la línea 20 volviendo después de un atareado día en el colegio. Parados en un semáforo observábamos a una anciana sentada sobre una silla de ruedas atenta al moviemiento de la gente y tejiendo un pequeño pullover blanco. Nos llamó la atención y nos dieron ganas de saludarla: - ¡Abuela! – le gritamos. Levantó sus sorprendidos ojos del tejido, y a través de unas grandes y redondas gafas nos dio una dulce mirada. Lentamente levantó su mano saludándonos y nos hizo una gran sonrisa. Su felicidad y tranquilidad se transmitió a cada uno de nosotros.

Desde aquel día en adelante, hasta nuestra última jornada, la saludamos en todas las oportunidades desde la línea 20 y durante ese tiempo su sonrisa estuvo presente en nosotros.
Probablemente nuestra abuela esperó todas aquellas tardes nuestro saludo y nosotros, impacientes, la ternura de sus ojos. Es increíble como una palabra podía unirnos desde tan sólo unos metros, y día a día la gritábamos con más fuerza.
Una simple palabra dicha desde la bondad puede entibiar un corazón en el invierno frío. Como también, miles de palabras pueden estar diciendo nada. Como dijo Alexander Pope: “Las palabras son como las hojas, cuando abundan, poca fruta hay entre ellas.”

Palabra designa una facultad natural de hablar. También es un conjunto de sonidos articulados que expresan una idea. Además, se puede decir: “te doy mi palabra”, que significa hacer una promesa verbal.

Cada palabra tiene su significado y cambiar el sentido equivale a una gran catástrofe que puede conducir a horribles tragedias. Como dijo Montaigne y más tarde Lewis Carroll, es el primer paso para deformar la realidad. Lo podemos comprobar en el siglo XX cuando la democracia, la libertad y la justicia fueron conceptos que causaron un gran cambio en la sociedad.

Compositores y grandes poetas como Shakespare les otorgaban múltiples significados y las convertían en pasiones, traiciones, grandezas y vilezas de los humanos.

Otros, como por ejemplo, reconocidos políticos, utilizan las palabras para convencer a un pueblo y, más que nada, para persuadir o manipular.

En cambio, para los niños, las cosas empiezan a existir desde el momento en que las nombran y se valen de las palabras para expresar su inocencia y sus necesidades básicas.

Muchas veces somos discriminados, ofendidos y lastimados a través de las palabras pero a la vez, podemos utilizarlas para defendernos. La educación misma es transimitida por este recurso natural y también tenemos la posiblidad de poseer nuestra propia identidad gracias al nombre que también es una palabra.

Hay palabras odiadas, como por ejemplo, “guerra”. Hay palabras mágicas, como un “abra cadabra”. Hay palabras amadas, como “paz” y también existen palabras difíciles de pronunciar, como “gracias y perdón”.

A veces nos quedamos sin ellas y éstas son reemplazadas por una que las anula o abarca a todas, “silencio”.

Amigas o enemigas, cómplices o falsas, lejanas o cercanas, agradables o molestas, fieles o traidoras, amadas u odiadas, reconfortantes o hirientes. Ellas son las que nos acompañan toda la vida, Quién no las tiene, las desea y aquellos que las poseen muchas veces las utilizan incorrectamente.

Tengamos cuidado al emplearlas ya que ellas son las herramientas para comunicarnos, expresarnos y desarrollarnos a lo largo de nuestra vida.



Magalí Waldheim